Algunas cosas sobre el estrés en los perros que se deben saber.

Los animales, sobre todo los de compañía como los gatos y los caninos se encuentran sumamente expuestos a padecer de enfermedades nerviosas, que al igual que los humanos pueden provocar conductas inesperadas, desde depresiones hasta ataques de rabia.

El problema con nuestros amiguitos peludos radica que, a diferencia de los seres humanos no tienen manera de expresar sus sentimientos más que con esos cambios radicales de estado de ánimo, a los cuales debemos ponerles atención.

Tratar de que exista un equilibrio en la forma en que tratamos a los perros no es materia sencilla, pues muchas veces pecamos de no ponerles atención o bien llegar al extremo de mimarlos tanto, que los dejamos siempre encerrados en casa por miedo a que les ocurra algo.

Un perro, necesita su espacio, necesita horas de atención y de atención en calidad: que juguemos con él, que le hablemos, una caricia y no sólo eso, sino que supervisemos su salud. No sé vale en ningún momento llegar a casa y descargar en él todas nuestras frustraciones del día: si el jefe nos regañó, si nuestro novio nos dejó, si el tráfico o la lluvia nos hicieron el día imposible.

Parte de la salud psicológica de nuestros animalitos implica: amor y paciencia. Ambas se demuestran llevando a los pequeños a pasear, llevarlo al médico, vacunarlos y sobre todo, prestar atención a cualquier cambio repentino en el carácter de nuestro amigo.

Las consecuencias de pasar por alto cualquier señal de cambio de humor se pueden transformar en lo siguiente:

• Los umbrales de la agresividad y el miedo disminuyen, con lo cual estas dos reacciones se desencadenarán más fácilmente y ante estímulos cada vez menos predecibles.
• Se llega a una sensación de ansiedad generalizada, ya que el coste biológico del mecanismo de emergencia ya no puede ser satisfecho, con lo que se utilizan otros recursos destinados a otras funciones orgánicas, como el crecimiento o la inmunidad.
• Se compromete el crecimiento, el sistema inmunológico, la capacidad de aprendizaje y la memoria, así como la capacidad de responder al dolor y el ciclo sueño-vigilia.

¿Cómo puedo evitar esto?

La pregunta se resuelve de la siguiente manera:

• Pautas de modificación de conducta basadas en el adiestramiento o entrenamiento del perro, la estimulación mental, el ejercicio y la modificación del ambiente, en el que se incluye la implicación directa del propietario.
• Alimentación sana y equilibrada con una dieta controlada y de calidad.
• Medicación encaminada a restituir los elementos químicos que se han desequilibrado o destruido en el sistema nervioso central y endocrino.

Así que sé un dueño responsable, y pon en práctica algunos de estos consejos. Recuerda, un buen dueño no sólo es aquel que alimenta a su perro, es aquel que vuelve a su perro parte de su familia.

Fuente: http://rescateanimalmx.wordpress.com