Regalar un gato tienen beneficios para el desarrollo de un niño.

Por Dra. Lina Sanz

Se acerca la Navidad y muchas personas quieren regalar una mascota a sus hijos. Hoy les quiero hablar de los beneficios de la relación que se establece entre un gato y un niño.

Cuando llega un gatito a una familia, generalmente interactúa de forma muy cercana con los más pequeños de la casa, quienes en un comienzo lo ven como un peluche que se mueve, para luego establecer una relación de mucho cariño entre ambos. Esto se debe a que el gato comparte gustoso sus momentos de juego con los niños. Así entre ellos se instaura pronto una asociación constructiva para el crecimiento de ambos. A pesar de su naturaleza independiente, incluso el gato más rebelde permite con el tiempo que un niño tome contacto con él, especialmente cuando esto ocurre en la infancia del gato – antes de los cuatro meses – ayudando enormemente a su sociabilización. Un gato adulto que no compartió con niños cuando pequeño, difícilmente dejará de esconderse ante la presencia de un niño en su etapa adulta y la interacción requerirá de mayor paciencia e incluso de apoyo farmacológico (con feromonas, por ejemplo).

Ya desde los primeros meses de vida el niño se fascina con los movimientos del gato y sigue curioso los movimientos de frotación contra el cuerpo que el gato hace. Pronto se da cuenta de la diferencia entre sus peluches y este animal real, pero hasta los 10 meses de edad, el niño no estará preparado para acariciar al gato con movimientos coordinados… tal como ocurre con otras mascotas. La tenencia de un gato desarrolla de mejor forma la capacidad del niño de familiarizarse con su mundo exterior. En efecto, la comunicación entre el gato y el niño resulta ser muy efectiva ya que ambos se sirven del lenguaje no verbal, utilizando el niño gestos y mímicas. Las muecas, la posición del cuerpo y la cabeza así como las expresiones del rostro, permiten que el gato comprenda el estado emocional del niño, el cual a su vez tratará de interpretar las reacciones de su amigo. Esto es lo que permite que el gato tolere del niño muchas caricias y juegos bruscos que no tolera de los adultos.

El gato se siente atraído por los olores del bebé así como por los juguetes que lo rodean, gustándole dormir en la cuna junto al niño. Si bien el gato nunca haría voluntariamente daño al niño, tal como se ha comprobado en estudios, podría suceder que frente a un movimiento del niño o a la actividad de juegos pudiera existir un rasguño, por lo cual es más seguro impedirle su acceso a la cuna. Con el tiempo, el niño establece un proceso de identificación entre sí y su modelo, el gato. Los psicólogos infantiles han señalado que un gato tiene gran impacto en el desarrollo del niño, puesto que es un animal higiénico con sus deyecciones (orina y fecas) y que realiza su aseo personal prolijamente… lo inverso se produce cuando el modelo es un cachorro (perrito). A menudo el niño imita los movimientos del felino, lo que contribuye a que el niño tome conciencia de sus propias acciones y de su significado. También el contacto físico es muy importante, apretados el uno contra el otro, entre caricias y roces, los dos socios acaban de convertirse en uno, ya que luego del contacto explorativo que el niño hace con el gato viene el contacto afectivo y es entonces cuando el niño controla sus caricias. Por lo tanto, el niño con la caricia quiere ahora transmitir una emoción, acercándose ambos crearán hasta una verdadera simbiosis. El niño acariciará de forma más detallada al felino y descubrirá su lengua rugosa, sus uñas, su nariz húmeda, las almohadillas y disfrutará de su ronroneo…. A esto se suma el hecho vital que, cuando un gato se cansa o se molesta con algo, o bien está en un momento en que no desea ser molestado, lo hará saber al niño haciendo respetar su metro cuadrado . Esto es aceptado por el niño y le genera un aprendizaje muy favorable para las relaciones humanas, situación que no se aprecia del mismo modo en la interacción del niño con cachorros (perros).

Se sabe que el felino también ayuda al desarrollo del niño desde el punto de vista emotivo, ya que el gato entrega un efecto tranquilizador. Habla con él y se confían secretos, por lo cual el niño siempre cree que su gato lo entiende y se conforta con su compañía. El animal nunca le juzga y con él la simpatía y discreción están aseguradas y también otorga el felino un enorme consuelo, al escuchar los eventos tristes del niño. Juntos los dos compañeros se solidarizan frente al mundo de los adultos, un mundo lleno de prohibiciones y obligaciones. En compensación, cuando gato y niño son libres de moverse, crean toda clase de juegos y escondites, bastándoles muy poco para interactuar, como una pelotita de papel arrugado o una hebra de lana. Muy frecuentemente cuando el niño lee o dibuja el gato se recuesta en sus hojas de papel, no las destruye ni se lleva sus lápices, actividades que no se pueden compartir normalmente con los perros. Cuando se tienen padres que trabajan, el gato permite que el niño no se sienta solo y que no desarrolle aversión a actividades de limpieza de los desechos del felino, sintiéndose muy comprometido con la actividad y responsabilidad de darle comida, cambiarle el agua o cepillarlo.

Entre los tres y seis años, el niño en la escuela debe empezar a aprender el lenguaje escrito y la simbología convencional, confortándose mucho cuando de vuelta a casa hay un amigo con el cual comunicarse solo por el lenguaje corporal y con las emociones. Son numerosos los médicos, como Samuel Ross en New York, que se han dedicado a la terapia de niños con animales, entre ellos el gato. Es muy importante que sea el niño el que asuma la responsabilidad en el hogar de la tenencia del gato, aprendiendo el niño un papel muy preciso. Según el etólogo Desmond Morris, “ Los amantes de los gatos son diferentes a los amantes de los perros, en general son más dados a la independencia de pensamiento y de acción, por ello los artistas suelen ser tenedores de gatos y los soldados poseen perros”. El perro necesita asistencia y el gato se las arregla solo, por lo cual los propietarios de gatos disfrutan de la soledad y el silencio, en tanto que los dueños de perros aman el bullicio y la hipersociabilidad. Para Honrad Lorenz, la relación hombre–gato es secundaria y la hombre–perro primaria, es decir, cuesta mucho adiestrar a un gato y los que quieran imponer su amor a un animal elegirán un perro, por lo cual si el niño es extrovertido , bullicioso y dominador seguramente eligirá un perro. Si es introvertido, independiente y respetuoso de la libertad ajena, el gato será su mascota para toda la vida. Obviamente , este es solo un esquema y la prueba es que muchos niños, a sus vez tienen comportamientos extrovertidos e introvertidos, dando cuenta de lo equilibrada de su situación emocional.

Por supuesto, los padres deben velar por la salud del gato, corte de uñas, desparasitación interna y externa y controles al médico veterinario regulares, al menos cada seis meses, para , entre otras cosas, tener el calendario de vacunación vigente. Resulta importante antes de adquirir la mascota evaluar que el niño no tenga alergia a la caspa o al pelo del animal.

Fuente:  www.mujerpresente.com


1 comment for “Regalar un gato tienen beneficios para el desarrollo de un niño.

  1. Alchemist
    9 febrero, 2012 at 11:40 pm

    Es verdad que a los bebés les hacen bien los gatitos. Una gata de mi casa tuvo una gatita dos semanas antes de que naciera mi sobrino. Cuando el niño tenía 3 meses, la gatita empezó a dormir a sus pies y se ponía cerca de él cuando hacía frío. Cuando el niño tuvo la edad para estar en un corral, la gatita iba a jugar con él, y se dormían juntos después de que el niño se tomara la leche. Hasta el día de hoy se quieren mucho.

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